El Kung Fu empieza cuando se acaban las ganas.
La motivación va y viene. La disciplina es la decisión de seguir practicando incluso cuando no hay entusiasmo. Esa también es una habilidad que se entrena.
Melina Amestoy - Profesora de Tai Chi y Consultora en Psicología.
6/18/20262 min leer
Hace algunas décadas, cuando alguien ingresaba a una escuela de Kung Fu, se asumía que la responsabilidad por su progreso pertenecía principalmente al alumno.
Hoy muchas personas llegan esperando ser motivadas, estimuladas o entretenidas de forma constante. Si abandonan, la explicación suele estar afuera: el método, el profesor, el trabajo, el clima o la falta de motivación. Rara vez aparece la propia indisciplina como posibilidad.
"Entreténganme o me aburro y me voy".
Eso refleja un problema más profundo que el abandono de una actividad física: la pérdida gradual de autonomía.
La motivación es cambiante. Depende del estado de ánimo, de las circunstancias y del entusiasmo del momento. Depender de ella conduce a pasar de una actividad a otra, donde siempre lo nuevo aparenta ser mejor, y nos dejamos llevar sólo para evitar el siguiente paso: la constancia.
La disciplina, a diferencia de la motivación, permanece. Es la capacidad de hacer lo que me propuse, incluso cuando no hay ganas. Es voluntad puesta en acción. Y la responsabilidad es propia.
La función del maestro no es perseguir alumnos para convencerlos de entrenar. Su tarea es transmitir un método, corregir errores, orientar y preservar una disciplina. El alumno debe aportar presencia, constancia y decisión.
La cultura de la inmediatez ha alterado esta relación. Todo debe ser fácil, estimulante y adaptado a la comodidad personal. La responsabilidad se desplaza continuamente hacia factores externos: la app, el coach, el estado mental ideal o la dosis justa de motivación. Mientras tanto, la voluntad se debilita.
Y sin voluntad no hay Kung Fu.
Porque Kung Fu no es solamente un sistema de combate. La propia palabra hace referencia a una habilidad desarrollada mediante tiempo, esfuerzo y trabajo sostenido. La calidad del propio Kung Fu depende, en gran medida, de la diligencia con la que uno practica.
Esta habilidad no se entrena solo en el kwoon. Se entrena cuando uno cumple pequeñas promesas cotidianas: levantarse de la cama en pleno invierno, cocinar para uno mismo en lugar de resolverlo con lo más fácil, empezar ese libro o terminar aquel proyecto.
Las decisiones que parecen pequeñas educan la voluntad. Y la disciplina es también una forma de lealtad hacia uno mismo. Cada vez que hacemos lo que nos prometimos hacer, fortalecemos la confianza con la única persona que nos va a acompañar toda la vida: nosotros mismos.
Si solo se entrena cuando hay ganas, se fortalece la dependencia de las circunstancias. En cambio, cada vez que una persona cumple con su práctica por decisión propia, incluso sin entusiasmo, fortalece el carácter y la confianza en sí misma.
La comodidad como prioridad erosiona lentamente la capacidad de mantener dirección, atención y compromiso sin estimulación constante. Tal vez la pregunta no sea: "¿Estoy motivado para entrenar?", sino: "¿Soy capaz de entrenar aunque hoy no lo esté?".
Nadie puede hacer ese trabajo por nosotros. Madurar implica dejar de esperar que la disciplina venga desde afuera y asumir la responsabilidad por nuestra propia práctica.
Porque la disciplina es una habilidad que también se entrena, y nos da algo que nadie ni nada externo puede darnos: evita que nos traicionemos a nosotros mismos.
No esperes estar motivado para entrenar. Si la motivación aparece, bienvenida sea. Pero no construyas tu práctica sobre algo tan fluctuante.


Contacto
info@australkungfu.com
© 2026. All rights reserved.
+ SEDES
Núcleo Hung Sing Kwoon - Belgrano
Nueva Atlantis, Buenos Aires, Argentina.
